Cómo es la vacuna rusa contra el COVID-19 que comprará Argentina


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El doctor Nadey Hakim, vicepresidente de la Academia Internacional de Ciencias Médicas, analizó los avances de Sputnik V, la vacuna desarrollada por el Centro Nacional de Investigación en Epidemiología y Microbiología, N. F. Gamaleya, del Ministerio de Salud de la Federación Rusa

A punto de comenzar noviembre, nos encontramos en una etapa clave durante esta prolongada pandemia por COVID-19 que está esperando el desarrollo científico de una solución que la termine. En camino a ello, este mes se esperan los primeros resultados en fase clínica 3 de un puñado de candidatas avanzadas en tiempo récord, de las más de 160 registradas por la Organización Mundial de la Salud.

Una de ellas es la vacuna rusa Sputnik V, registrada el 11 de agosto y también criticada por haber visto luz verde en Rusia, cuando todavía no estaban los resultados de la etapa clínica avanzada, la nombrada fase 3. Pero el martes último, las autoridades rusas se adelantaron a muchas otras candidatas y pidieron ante las autoridades de la OMS la preclasificación de su vacuna contra el nuevo coronavirus

SARS-CoV-2, un paso clave para obtener la aprobación mundial para su distribución y utilización. El Gobierno argentino confirmó este lunes que comprará 25 millones de dosis.

Otro espaldarazo recibido a la vacuna desarrollada en el centro de investigaciones de Moscú, Gamaleia, en colaboración con el ministerio de Defensa ruso, fueron las declaraciones a Infobae del doctor Nadey Hakim, vicepresidente de la Academia Internacional de Ciencias Médicas, que analizó en profundidad a Sputnik V, una de las firmes candidatas contra COVID-19.
“La vacuna es una herramienta importante para combatir el COVID-19 y salvar al mundo. Este enfoque debe basarse en las mejores tecnologías disponibles a nivel mundial. Los países deberían tener una cartera de diversas vacunas y la rusa Sputnik V, ciertamente, debería estar entre ellas. He revisado los datos presentados y divulgados y las publicaciones correspondientes en The Lancet, una de las principales revistas médicas internacionales. Allí, los resultados de los ensayos clínicos de la vacuna Sputnik V han demostrado su eficacia. Obtuvo resultados positivos de los ensayos clínicos de fase I y II. Y actualmente, están en curso los ensayos de fase III a gran escala y se espera que los primeros resultados se publiquen en una revista médica en noviembre”, expresó de manera enfática Hakim, que también es profesor de cirugía de trasplante en el Imperial College de Londres.

Como se publicó en The Lancet, el 100% de los adultos sanos participantes en los ensayos clínicos de Fase I-II de Sputnik V demostraron una fuerte respuesta inmune frente al SARS-CoV-2. Se llevarán a cabo más investigaciones para validar los resultados de la Fase I-II en el estudio, en curso, de Fase III que se está llevando a cabo en Rusia y en varios otros países. El ensayo clínico en curso de Fase III de la Sputnik V tendrá una duración de seis meses y contará con la participación de más de 40.000 voluntarios. El gran número de participantes en el estudio se compara favorablemente con los ensayos de Fase III de otras vacunas en estudio frente al COVID-19.

Creada de forma artificial, sin ningún elemento del coronavirus en su composición, se presenta en forma liofilizada, es decir, como un polvo que se mezcla con un excipiente para disolverlo y luego administrarlo por vía intramuscular.

El fármaco utiliza una tecnología de adenovirus humano de dos vectores diferentes, Ad5 y Ad26, para una primera y una segunda inyección. Sin embargo, Sputnik V no contiene adenovirus humanos vivos, sino vectores adenovirales humanos que no son capaces de multiplicarse y son completamente seguros para la salud. Se basa en una plataforma de vacuna de dos vectores ya existente, desarrollada en 2015 para tratar el ébola, que superó todas las fases de los ensayos clínicos y fue utilizada para derrotar la epidemia de esa enfermedad en África en 2017. Otras empresas están utilizando también plataformas basadas en vectores adenovirales humanos para sus vacunas contra el COVID-19, como Johnson & Johnson, que usa solo el vector Ad26, y la china CanSino, que emplea únicamente el Ad5.